Al haber recorrido la mitad del tiempo etario que tenemos designado, solemos hacer un recuento de las cosas que hicimos y las que quedan por hacer; desde allí analizamos nuestras vidas y depende de nosotros como deseamos encarar lo que falta por recorrer.
Generalmente traemos un bagaje de múltiples experiencias las cuales son instrumentos de alerta ante cualquier evento que vayamos a realizar, en esta época muy nuestra, donde pretendemos entrar en un estado de tranquilidad, equilibrio y sazón. Estamos ásperos ante ciertas desavenencias ocasionadas por el entorno y creemos es el momento de hacer una selección de lo que realmente procuramos lograr; si bien continuamos con sueños e ilusiones, podemos discernir con más claridad los posibles factores con que se pueden realizar las cosas para no sufrir decepciones, lo cual nos habilita y permite administrar las prioridades ya sean cuales fueran nuestras elecciones o focalizaciones.
Todo tiene relación y dependencia para lograr una realización personal propia y natural para cada sujeto, entonces sabiendo esto, estamos implicados y no olvidemos en el desempeño de los roles tanto: familiares, sociales y económicos, seria meritorio de que todo aquello que hagamos lo podamos realizar sin perjudicar al otro.
Considerar esto nos ayudaría a crecer como personas flexibles y racionales a los cambios inevitables, emocionalmente nos enorgullecería el ego y nos llenaría el espíritu de satisfacción, siempre y cuando sepamos manejar los excesos para alcanzar el disfrute pleno de éste nuevo tiempo y edad.
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