Cada familia es el núcleo fundamental de la sociedad que emerge de los principios individuales de cada ser que la compone.
Está en cada uno la posibilidad de elegir con libre albedrío su propio destino.
Si bien es necesaria en un porcentaje importante la organización política, económica y social de un pueblo, es de similar importancia la constitución de cada individuo.
Es una realidad los tiempos dispares en estos escalones de la vida, prueba de ello es la falta de noción y razonamiento de las vanidades que circundan y entorpecen a la humanidad; dejando a un amplio sector sujeto a la vulnerabilidad muchas veces inconsciente, quienes luego se convierten en partícipes de las llamadas beneficencias, condicionadas por unas u otras cuestiones de turno, debiendo conformarse con las dádivas de un sistema de vida instalado, sin tomar conciencia del perjuicio que ocasiona en la sustracción de la integridad, dignidad e involución de la especie humana.
La invitación está hecha, acompaña a reflexionar sobre estos asuntos para retomar lenta pero sin pausas en la reconstrucción de una sociedad más saludable en todos sus aspectos, comenzando por uno mismo hasta lograr entender que para el crecimiento personal es necesario poner: voluntad, decisión, constancia, esfuerzo, responsabilidad y amor en todo lo que se hace.
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